viernes, 20 de febrero de 2009

“En solo un día y una noche de infortunio la isla de la Atlántida
se hundió en las profundidades del mar”
Crítias, Platón (360 AC)

La isla


“Aquella mañana había amanecido como todas…
En general nuestros días jamás diferían los unos de los otros, nunca nada se salía de control…verás todo estaba planeado ya para que funcionase con la precisión de los astros…
Teníamos conciencia de nuestras vidas y libertad para disponer de ellas, pero también sabíamos que dependían exclusivamente de la voluntad del Emperador y que para él no eran mas que signos gravados en las placas de oricalco que le mostraban sus estadistas…
¿Has visto alguna vez una moneda de oricalco?...claro que no, bah…poco sentido tendría en realidad que te la mostrara ahora, pero déjame decirte para tu consuelo que tampoco nosotros las veíamos con frecuencia…
El metal se usaba solo dentro de la Acrópolis, a la que entenderás, en general gente como yo que era un simple maestro jamás excedíamos.
No es que estuviera disconforme con mi destino después de todo era mejor que ser pescador o soldado, lo que hacía por entonces me permitía conocer a la gente y tener tratos con muchas personas.
Aun hoy después de tanto tiempo recuerdo la vista exacta de la ciudad emplazada sobre la isla a mitad de las aguas…las altas torres de la Acrópolis hechas de mármol blanco resplandeciendo contra las luces del cielo…era en verdad un lugar maravilloso…
La vida fluía por todos lados, los carros se desplazaban a gran velocidad por las calles mientras los murmullos del mercado llenaban las noches y el viento se llevaba las eternas risas del pueblo…
Es una lástima que ahora estemos tan atribulados y los hombres de tu raza sean tan pequeños…tan débiles…
De cualquier forma…poco sentido tiene ahora lamentarse…somos lo que somos y nunca mas seremos ni tendremos otra cosa. Hemos decaído… con los años nuestra sangre se ha mezclado con la suya y para cuando esta era pase no seremos mas que un recuerdo de glorias pasadas que se le contarán a los reyes en sus salones…
Es por eso muy importante para mi que sepas esto…
Siempre había tenido en mente la idea de irme de la isla, yo era joven y quería ver el mundo mientras bebía de la copa de la libertad…no es que fuéramos esclavos…ese concepto no lo entendimos hasta que llegamos a aquí, jamás vi a nadie realizar un acto de violencia…contra otro ser…ni siquiera el concepto del mal tenía sentido en nuestras mentes…pero aun así quería alejarme…
Claro que sabíamos que en el continente las cosas eran diferentes…teníamos noticias de que los hombres se mataban los unos a los otros mientras realizaban sacrificios brutales a favor de los dioses, pero lo que mas nos preocupaba era el hecho de su ignorancia…no tenían noción de nada mas allá de ellos mismos…con esto quiero decir que desconocían cualquier cuestión espiritual…y morían siquiera sin saber porque habían nacido.
Vivían en la oscuridad de sombras espesas y asfixiantes, en las cuales nada era lo que parecía ser, mientras Zeus desde su trono en Olimpo festejaba por esto mientras ordenaba a sus secuaces que siguieran aterrando a la humanidad…
Alto muy alto era el precio de la osadía de Prometeo…la luz que nos trajera en el principio lo había condenado no solo al destierro sino también a la eterna agonía…
Fue por eso que comenzó la guerra…años peleamos por advertir a los hombres del mal que venía de la Elade…por sacarlos de su barbarie… por volverlos esencia y conciencia mas allá de sus cuerpos.
Algunos aprendieron…hubo relámpagos de cultura aquí y allá…como por ejemplo tu propia raza…otros mas hacia el este o incluso mas allá del mar del oeste en las costas que baña del otro lado donde ustedes creen que muere el sol.
Entonces mientras todo esto pasaba…aquel día amaneció…lo recuerdo como si hubiese sido ayer…creo que jamás me abandonará el recuerdo del horror…
Había salido de mi casa llevando todos mis enseres…iba a abordar el barco que me llevaría lejos hacía el oeste…todavía quedaba mucho por enseñar en aquellas tierras…quienes las habitaban eran como ustedes…niños a nuestros ojos…se adornaban con oro y plumas de colores en sus cabezas… “Mas Ayaxs” los habíamos llamado es decir “pueblo de las plumas”…habían desarrollado una gran capacidad para la construcción y también para…como decirlo…la predicción del futuro.
En verdad les amaba ya sin conocerlos y pensar en ellos me hacía mas que feliz…
El capitán estaba de mal humor, se estaba retrasando la partida, viajaría con nosotros la hija del Emperador: Salustra la hermosa de quienes descienden tus reyes, la de la piel de marfil, la de los ojos color de las aguas…
Lo cierto es que en medio de la discusión pues los bártulos de la Princesa eran interminables un viento frío se levantó y se agitaron las aguas…el cielo se puso negro como el vacío de mi alma…como el fondo de los ojos en las estatuas de los dioses…
Negro, negro…contra la blancura inmaculada y resplandeciente de la Atlántida, la ciudad de Atlas, de los libres, de los justos…
Todo pasó muy rápido…Salustra se llevó una mano a la cabeza y solo atinó a decir “padre” mientras con la otra señalaba a las torres del palacio…su murmullo fue como el desgarro de una tela al romperse…se volvió toda blanca como el ópalo y se aferró a la baranda de la proa desesperada. La perla de la corte, el orgullo de nuestra raza perdía en aquel instante todo lo que había conocido, todo lo que amaba.
Una lágrima rodó por su mejilla y por la mía y por la de cada uno de los presentes. Su dolor y el nuestro eran uno solo.
La ola era pesada, alta, monstruosa, nunca había visto algo tan terrible, una fuerza de destrucción tan letal…Poseidón traicionaba así a su propia sangre y a su tierra…
Solo la maldad del Olimpo podía planear una cosa así…
Entonces me reí a carcajadas, todo el mundo rió con ironía y desprecio, con tristeza ante lo inevitable…del llanto al mas absurdo sentimiento de fatal resignación frente al destino ya que nunca mas sobre la faz del mundo existiría tal magnificencia…
El barco naufragó en el mar revuelto mientras giraba y las velas se hinchaban por la tempestad…
Pude oír como el silencio se adueñaba repentinamente de todo…de nosotros los que partíamos a tiempo…y también de los que sabían que iban a morir…
Solo una voz insurrecta se atrevió a gritar…era el fénix del Emperador…soltó un alarido punzante y eléctrico de odio y dolor…chispas saltaron de su pico de acero…lo vi un momento suspendido contra la última de las torres…la mas alta…abrió las alas y su figura llameó un momento envuelta en los mil colores de su fuego impotente…
Arrasó con todo…barriendo los campos, las casas, los canales…nada se salvó…
Tan alta era…que hasta el sol se ahogó literalmente en el agua y todos los ecos del Imperio se unieron al del mar…”



-A ver, cuéntamelo de nuevo, no termino de comprender algunas cosas- dijo Solon
Y el Atlante para quien aquel pequeño hombre de ojos maquillados y extraño tocado negro era su único amigo comenzó su relato otra vez…

2 comentarios:

espejo dijo...

este cuento es para leerlo con bibliografia en mano... suerte de que este publicado en internet.
ay de mi, con esas cosas de tu pluma

Alatriste dijo...

Te enlazo, amiga, para acortar las distancias, para sentirte más cerca y para no perderme ninguna de tus historias. Pasa un feliz domingo y un beso enorme. Que te vaya bonito. Hasta pronto.